Olmué ostenta de manera distinguida el título de «Capital folclórica de Chile», una denominación que sintetiza su compromiso histórico con la preservación, difusión y salvaguardia de las tradiciones campesinas, las expresiones musicales y la identidad huasa de la zona central del país. Esta condición de bastión de la cultura rural se ha cultivado orgánicamente a través de generaciones, convirtiendo a la comuna en un referente obligado de la memoria colectiva y el patrimonio inmaterial chileno.

El epicentro de esta vocación artística y comunitaria se materializa anualmente en el célebre Festival del Huaso de Olmué. Celebrado en el icónico escenario del Parque El Patagual, este certamen se ha consolidado como uno de los eventos de música folclórica y popular de mayor relevancia en el país. El festival no solo premia la composición en raíz folclórica y proyecta la cueca y el canto a lo poeta, sino que también reúne a destacados referentes artísticos nacionales e internacionales, transformando a la comuna en una vitrina cultural de alcance global.

La identidad cotidiana de Olmué se nutre profundamente del calendario rural y sus celebraciones tradicionales, como la trilla a yegua suelta, donde las faenas del campo se convierten en un espacio de encuentro, fiesta y rememoración de técnicas ancestrales. Estas actividades se complementan con una arraigada religiosidad popular que combina elementos feéricos, coloniales y campesinos, manifestándose en rodeos, carreras a la chilena y fiestas patronales en los diversos poblados y sectores rurales de la cuenca.

El patrimonio material de la comuna guarda una estrecha relación con esta dimensión histórica y espiritual. Destacan de manera preponderante la Capilla de La Dormida —emplazada en el antiguo camino colonial hacia la costa y declarada Monumento Histórico— y el Santuario del Niño Dios de Las Palmas, tradicional centro de peregrinación que convoca a miles de devotos cada año. En su conjunto, Olmué articula un espacio donde la arquitectura colonial, la devoción popular, las tonadas campesinas y la vida en comunidad configuran uno de los paisajes culturales más singulares y resguardados de la Región de Valparaíso.